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Seguridad
ciudadana a cambio de Derechos Humanos
(Diario
La República, 9/3/1997)
Se están manejando a nivel gubernamental ideas peligrosas
para la democracia e inútiles en la lucha contra la delincuencia.
Dicen que la política es el arte de lo posible. La afirmación
no tiene sentido mayormente por que lo posible varía mucho
entre dis-tintas personas y entornos culturales. En realidad el
éxito de la frase estriba que con una pequeña inflexión
se convierte en que la política es el arte de lo fácil,
y dado que no hacer es mucho mas fácil que hacer, viene a
continuación el inmovilismo y aún la petrificación.
Estas ideas vienen a la mente a raíz de las actitudes del
Ministerio del Interior sobre el tema de la seguridad ciudadana.
Desde hace muchos años ya es evidente la necesidad de un
reforma radical del dispositivo judicial-policial uruguayo no obstante
lo cual se insiste desde el gobierno, so pretexto de realismo, en
la reforma dentro del entorno existente, y si bien son indudables
las buenas intenciones, la consigna parece ser: más de lo
mismo.
El problema aparece cuando "lo mismo" está agotado.
El tema de la represión aparece gobernado por un proceso
pe-nal secreto y separado de la gente.
La institución policial sufre por lo menos, una enorme crisis
de valores y a lo más problemas de corrupción muy
extendida en sus mandos ejecutivos.
En un ámbito más amplio que el poder ejecutivo, en
el país se están manejando conceptos mas tranquilizadores:
Fue presentado en Cámara de Diputados un proyecto de jurados
populares por el diputado Olivar Cabrera (de la coalición
gubernamental), que sin ninguna duda es un acierto de oportunidad
y de forma.
Asimismo hubo un proyecto de reforma procesal que se presentó
por la Suprema Corte de Justicia con soluciones excelentes y oportunas
para el tema que ocupa el primer lugar en las preocupaciones de
la población.
El proyecto de Olivar Cabrera, parece no figurar en las ideas del
gobierno, y el adecuado proyecto de la Corte, naufragó en
un mar de modificaciones que lo convirtieron en el irreconocible
proyecto del ejecutivo, llamado Piaggio, y que, de ser aprobado,
amenaza por sí sólo en dejar de hacer funcionar las
pocas partes que marchan en el sistema penal uruguayo.
Pero el cúmulo de timideces, facilismos y contradicciones
que rodean el tema de la seguridad ciudadana palidece a la luz de
los peligrosos disparates que el senador Millor y el sub-secretario
del Ministerio del Interior Dr. Lamela acaban de plantear ante el
poder ejecutivo, de los cuales nos referiremos a dos:
La legítima defensa presunta para funcionarios policiales.
La extensión del plazo de detención por averiguaciones
a 4 días.
Con relación al primer tema, cabe expresar que todo el planteo
se origina en un error jurídico de senador Millor, y de sus
asesores.
La legítima defensa, siempre se presume, porque a las personas
se les presume inocentes (excepto que se demuestre lo contrario)
y si alegan legítima defensa habrá que demostrar la
culpabilidad.-
Este proyecto pretende sencillamente quitar el derecho de legítima
defensa al resto de la población, los que si quieren hacer
valer cualquier derecho, deben ir a hacer la cola en la Comisaría
del Barrio para hacer una denuncia, pero jamás intentar una
legítima defensa.
Algo de esto ya está insinuado en el actual Código
Penal, basado en esto en su similar redactado bajo Moussolini.
El Estado es todo, el individuo es nada.
En base a esta filosofía por ejemplo, estuvo meses presa
la joven Mónica Bertrand, una chica de Maldonado que después
de haber sido amenazada, su domicilio fue violado por quien la amenazó,
borracho con la intención de violarla sexualmente, y la chica
se defendió y lo mató.
No sólo estuvo meses presa, sino que su expediente duró
aproximadamente un año, luego del cual se pretendió
hacer valer un análisis que aparentemente daba restos de
marihuana en la joven, el día de la agresión para
volverla a prisión.
El expediente tiene mas de tres años y que el suscrito sepa
no hay cosa juzgada sobre la inocencia de la chica. Posiblemente
no la habrá nunca, y la pobre muchacha vivirá el resto
de sus días con la amenaza de una acción penal por
los sucesos.
Pero los textos de Mousolini no son suficientemente claros, y entonces
viene este proyecto, donde allí, sí se aclara totalmente:
los únicos habilitados a ejercer la legítima defensa
son los funcionarios policiales.
Pero allí no termina la cosa:
Se desea variar el plazo de detención por averiguaciones
policiales-administrativas al plazo de 4 días.
La detención por averiguaciones se hace sin orden judicial,
y la persona detenida no tiene asistencia de abogado, en los hechos
queda incomunicada (fundamentalmente de su abogado).
La persona averiguada no tiene porque haber cometido ningún
delito, sino solamente haber sido propuesta por un funcionario policial
como objeto de una averiguación, desde luego nadie sabrá
jamás que es lo que el funcionario policial quiere averiguar
o averiguó.
La Constitución uruguaya, no permite este tipo de detención
ni por un minuto, a pesar de lo cual, hay disposición legales
que la autorizan por 24 horas.
La elevación de este plazo a 4 días se viene escuchando
desde hace algún tiempo:
El subsecretario del Ministerio del Interior Dr. Lamela, la hizo,
y el Ministro de la Corte de Justicia Dr. Mariño, también
se le escuchó.
La aceptación de un instituto de esta naturaleza, implicaría
la existencia de verdaderos desaparecidos en la democracia.
Obviamente un plazo de detención tan extenso es para efec-tuar
torturas en los interrogatorios, y de por sí, el sólo
hecho de la detención por un plazo tan extenso implica una
tortura sicológica.
Si con derechos humanos vigentes no tenemos seguridad, mucho menos
la tendremos con derechos humanos básicos renunciados a favor
de una burocracia policíaca que precisamente es parte del
problema de la seguridad.
Es muy seguro vaticinar que de aprobarse estos sin-sentidos el pueblo,
se quedará sin derechos y sin seguridad.
Por ahora, la soberanía radica en el pueblo, y el tema de
la seguridad ciudadana será seguramente uno de los principales
de las próximas elecciones:
Para quien ha sido robado varias veces, y para las familias que
se tienen que turnar para salir, deben decidir su voto, y esto,
es un acto político. También para ellos, la política,
es el arte de lo posible.
Carlos
Aparicio
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