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Banderas
caídas
(23 de noviembre de 1999)
La exclusión del Partido Nacional del Bipartidismo Uruguayo,
no se debe a sus enemigos de adentro o de afuera sino en el apartamiento
de su dirigencia de los principios que motivaron su fundación.
Decía un trabajo periodístico:
"Víctimas del fanatismo, de la ignorancia, de la tradición,
de la herencia de la colonia, lo orientales de nuestros campos se
van.
"Es necesario salvar a nuestra raza de esta decadencia, antes
que llegue a ser incurable, y para ello no hay mas que un medio
único: incoporarla al movimiento de la vida moderna.
"La Paz, la libertad y la industria son las reinas del mundo
moderno. La democracia reposa sobre dos fundamentos inconmovibles,
el orden industrial y el goce de la libertad.
"Es necesario incorporarnos al movimiento universal; la marea
creciente del progreso nos envuelve por todas partes: ¡Hay
de los pueblos que no se ponen a la altura del nivel común!"
No se trata de una fundamentación para pedir el voto en el
balotaje, sino que es un editorial del periódico "La
Democracia" de fecha 4 de agosto de 1872 cuyo cometido explícito
era difundir la plataforma de principios del club Nacional, que
después se convertiría en Partido Nacional.
En esos principios aparecen como medulares, la reforma de la Justicia
descentralizándola y la Introducción de Jurados Populares,
la reforma de la administración pública, por descentralización
y aumento de contralores y por consiguiente aumento de la moralidad
pública.
Es esta plataforma de principios que da un fundamento ideológico
a la serie de alzamientos armados y guerras que pautarán
el fin del siglo pasado. No se trataba de "aire libre y carne
gorda", (que fue la consiga trivial de alguna leva militar)
sino de la aplicación del programa de principios nacionalista,
que estaba inspirado fuertemente en las ideas de Tocqueville.
El Uruguay que se funda en 1907, es producto de un pacto entre estas
ideas y el intervencionismo batllista triunfante en la guerra de
1904.
Es recién en este año que se funda la Suprema Corte
de Justicia y comienzan a funcionar los jurados en forma práctica,
estableciéndose bases duraderas para una democracia institucional.
Las bases jurídicas para el moderno Uruguay, duran 26 años,
lo cual es todo un récord de permanencia institucional dada
la volatilidad de los gobiernos democráticos uruguayos del
siglo diecinueve.
Pero aún así, dura poco, en 1933, el golpe de estado
de Terra termina con los sueños de un Uruguay liberal y democrático.
Europa sigue siendo el modelo a imitar, y esto no cambio ante el
triiunfo espectacular del nazi fascismo.
El Código Penal Uruguayo es practicamente un duplicado del
Código Rocco (Ministro del Interior de Mussolini), la imitación
se extiende a otros aspectos, dentro de los cuales está como
parte mas visible la prohibición del juicio por jurados y
la acentuación de los principios de secreto en el proceso
penal.
Esto es solo el comienzo del superestado.
Los poderes a la burocracia pasan al área del derecho público,
llegándose a prohibir a los jueces comunes la aplicación
de la constitución, la cual debe ser exclusivamente aplicada
por la Suprema Corte.
Se acentúa el modelo policial Napoleónico, constituido
por una única policía militarizada.
De esta época es la creación de un proceso administrativo
constituido por una revisión tardía, y donde el juez
de primera instancia es el propio funcionario cuestionado lo que
luego va a ser el Contencioso Administrativo.
Cuando termina la gran guerra mundial de 1945, se inicia en todo
el mundo una liberalización y una revisión del derecho
autoritario.
Por ejemplo, el juicio oral y público y los jurados populares
son instalados en Alemania, Italia, Francia, e incluso en Japón,
país que carecía por completo de tradiciones democráticas.
Como Uruguay había tomado partido por las potencias aliadas
democráticas, escapó a una revisión de sus
instituciones jurídicas, y no hizo internamente un crítica
del Terrismo y su legado.
Por el contrario, la Constitución de 1952, que establece
un simpático colegiado, es en realidad la creadora de una
verdadera dictadura administrativa, donde incluso los funcionarios
no pueden ser demandados ante los tribunales directamente donde
además se legitiman todas las instituciones autoritarias
mencionadas precedentemente.
El derecho uruguayo de postguerra presenta graves grietas y avenidas
por las que puede transitar el autoritarismo, y éstas no
demoran mucho tiempo en recorrerse, mediante el pachequismo y la
dictadura militar.
La dictadura militar termina en 1985, otra época de ventura
para la humanidad.
En el marco del fin de la guerra fría, se crea un entorno
de liberalización y búsqueda de instituciones liberales.
Portugal y España, ensayan fórmulas nuevas. Se introducen
contralores a la administración, juicio oral, jurados populares
efectivos, diversificación policial, potenciación
de fiscalías, mejoras en la seguridad pública.
No en Uruguay.
Luego de un período de apertura de 5 años, que permitió
la Sanción de C.G.P., se emitieron claras señales,
que este tímido código era lo máximo que podía
llegarse.
Incluso este Código que establece el juicio oral en materias
civi-les, se esta aplicando en forma reluctante y parcial.
El fin del milenio, muestra al Uruguay y algunas democracias latinoamericanas
en un panorama paradójico y desconcertante. Sus dirigentes
deslumbrados por los brillos de la aristocracia europea, van a nutrir
sus alicaídos egos junto a monarcas y aristócratas
de Europa. Estos países europeos sin embargo se encuentran
en fuertes procesos de renovación institucional y americanización
que son ignorados por estos advenedizos.
En nuestros días, España es en los hechos un país
descentralizado y casi federal, tiene jurados populares, respeta
sus autonomías y culturas locales, tiene procesos de control
administrativo, tiene juicio oral en materia penal y civil, y amplia
participación en todos los nive-les, tiene policías
locales y diversificadas, tiene fuertes sindicatos policiales, tiene
fiscalías organizadas.
En cambio en Uruguay nada de ello es posible porque las dirigencias
quieren hacer creer que la herencia borbónica de la legislación
de partidas es muy difícil de combatir.
Nada de esto es responsabilidad exclusiva del Partido Nacional,
sino que lo es de todos los partidos, inclusive de los partidos
de izquierda, pero el Partido Nacional, es el primero en sentir
las consecuencias, porque es el único fundado precisamente
para luchar por es-tos valores que fueron abandonados para ser sustituidos
por la burocratización y el facilismo.
Estos temas no son un tema central de la actual campaña presidencial,
por lo que parece ser que por ahora, estas banderas seguirán
caídas.
Quizás no por mucho tiempo.
Carlos
Aparicio
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